Cuando el turbo dice basta
Publicado el 20. sep, 2011 por Guillermo CP bajo Técnica
El turbocompresor, más conocido simplemente como turbo, es uno de los elementos con más éxito que se han introducido en los automóviles. Se trata una turbina, que accionada por los gases de escape, consigue introducir aire (y por tanto oxígeno) en los cilindros a una presión mayor que la atmosférica, logrando una mayor potencia con consumos contenidos.
El turbo se hizo muy popular hace unos años en los motores diésel, y a día de hoy se está popularizando en los modelos a gasolina. No sólo por el rendimiento que ofrece, sino por el mayor de agrado de conducción para la mayoría de usuarios, que gracias a este elemento ven como su vehículo ofrece una mayor respuesta a medio régimen, evitando así tener que reducir marchas o revolucionar el motor en exceso, cosa que por otra parte es totalmente necesaria hacer en mecánicas atmosféricas si queremos aprovechar la potencia disponible.
Sin embargo, no todo son ventajas. El principal punto débil del turbo es la fiabilidad. En la mayoría de los casos el turbo se rompe debido a una deficitaria lubricación, que puede ser causada por aceite en mal estado, un exceso de temperatura, o una brusca deceleración. Por ello, es muy importante seguir los siguientes consejos:
- Utilizar un aceite sintético de alta calidad.
- Respetar los tiempos de calentamiento, es decir, no someter al vehículo a un elevado régimen hasta que el aceite haya alcanzado su temperatura óptima. Tampoco es recomendable durante este tiempo llevar el acelerador hasta el fondo.
- En vehículos diésel, para evitar la carbonilla, es recomendable de vez en cuando darle un achuchón hasta las 4.000 rpm. Esto también lo agradecerá tu coche cuando vayas a pasar la ITV.
- Después de un viaje largo, no apagar el coche nada más llegar al destino. Es recomendable dejarlo un par de minutos a ralentí. Si apagamos el motor, el turbo deja de lubricarse cuando aún está caliente.

Sí, detrás de esa humareda hay un coche.
Si el turbo se rompe, el aceite puede pasar a la admisión del vehículo. Hay que evitar que esto suceda, pues al entrar en los cilindros, el aceite se autocombustiona y el motor comenzará a acelerar hasta límites insospechados a la vez que una gran humareda blanca sale por el escape, como se puede apreciar en los vídeos. Llegados a este punto, habrá que intentar parar el motor metiendo la marcha más larga posible y quitando el contacto, aunque esto no siempre funciona. De no poder parar el motor, cabe la posibilidad de que este se gripe, bien por el exceso de régimen al que se ha visto sometido o porque algún trozo de material procedente del turbo se ha internado en los cilindros.
Así que ya lo sabes, si no quieres sustos innecesarios, cuando notes que el turbo puede fallar en tu coche, acude al taller lo antes posible. De lo contrario, podrías encontrarte con una avería que podría hacer que tu coche se fuera al desguace.











