Motores turbodiésel: cómo lograron revolucionar el mercado (I)

Publicado el 04. may, 2011 por bajo Curiosidades, Técnica

Aproximadamente el 70% de todos los turismos que se matriculan en nuestro país son con motor diésel. Y a día de hoy, si no me equivoco, la totalidad de todos ellos traen consigo un turbocompresor, por lo que se suelen denominar turbodiésel (obvio).  En este artículo, echaremos un vistazo a la rápida evolución de estos motores y como en pocos años lograron dar un vuelco al mercado automovilístico, que hasta hace algo más de 10 años, era dominado por las mecánicas de gasolina.

Explicado de forma sencilla, el turbocompresor no es más que una turbina, que accionada por los gases de escape, consigue introducir aire (y por tanto oxígeno) en los cilindros a una presión mayor que la atmosférica. Según la ley de los gases ideales, esto se traduce en una mayor cantidad de oxígeno que accede al cilindro, aumentando la compresión, que facilita el encendido y el quemado completo del combustible inyectado. De este modo, se consigue un aumento de potencia y prestaciones, sin perjudicar al consumo.El turbocompresor llevaba utilizándose con éxito en la industria aeronáutica desde 1917, pero hubo que esperar a 1962 para que General Motors los montara en un automóvil, en concreto en el Oldsmobile Cutlass Jetfire y Chevrolet Corvair Monza Spider, aunque con mecánicas gasolina.

Por fin en 1978, de la mano del primer Mercedes-Benz clase S llegaría el motor turbodiésel a la industria del automóvil: era el 300SD. Sorprendentemente, el W116 montó esta motorización de forma exclusiva para EE.UU. y Canadá, por lo que nunca llegó a comercializarse en Europa. Con 5 cilindros en línea y 3 litros de cubicaje, daba una potencia inicial de 110 CV, que un par de años más tarde se elevaría a 120 CV. El novedoso propulsor iba asociado a una transmisión automática de 4 velocidades, consiguiendo una punta de 165 km/h y un 0-100 km/h en 17 segundos. Dentro de la gama, el 280S, que era 50 CV más potente, apenas consumía un par de litros más cada 100 km y lo humillaba prestacionalmente hablando.El pionero en Europa fue el Peugeot 604, también en 1978. Se trataba de un 4 cilindros en línea y 2.3 litros, con 80 CV de potencia a 4.150 rpm y cogió cierta fama debido a los problemas de encendido a temperaturas bajas, lo que llevaba a los propietarios a aparcarlos en cuesta. Una curiosidad dentro del estrepitoso fracaso del 604 en los mercados. La berlina de lujo de Peugeot alcanzaba con este motor los 151 km/h.En 1980, el W123 llevaba cuatro años a la venta y Mercedes-Benz mejora su motor diésel de 5 cilindros con turbocompresor, elevando la potencia hasta los 125 CV a 4.350 rpm, convirtiéndose así en el vehículo diésel más rápido del mundo. Repite la velocidad máxima del W116 y el 0-100 baja hasta aproximadamente 15’5 segundos. Como su antecesor, también está asociado a un cambio automático de 4 velocidades y se ve lastrado por sus dos toneladas de peso. Además del más rápido, es posiblemente el más famoso de los primeros turbodiésel. En Europa sólo estaba disponible en la versión familiar y gozó de gran éxito.El relevo del Mercedes lo toma el Citroën CX. En 1983 monta un motor de 2500cm3 y 95 CV para alcanzar los 156 km/h. En febrero de 1987, los franceses le dan una vuelta de tuerca al motor añadiendo un intercooler que eleva la potencia a los 120 CV: ha nacido el CX 25 TRD Turbo 2. Tarda 31’9 segundos en recorrer el kilómetro con salida parada y llega a los 195 km/h.Poco le duró la alegría a la marca de los chevrones. Ese mismo año sale a la venta el Alfa Romeo 164, también con un 4 cilindros en línea de 2.5 litros y 117 CV. Con un 0-100 km/h en 11’1 segundos, se convierte en el primer vehículo diésel en alcanzar la barrera de los 200 km/h.En este punto, cuando los turbodiésel comenzaban a despertar, finalizamos la primera parte del artículo. En próximos días podrás leer la continuación y la auténtica popularización de estos propulsores.

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